Todos queremos creer que es definitivo, que se acabó, que ETA es historia pero historia de la que uno no querría nunca haber tenido que vivir, ni que leer, ni que sufrir. Mi generación, la de los nacidos entre los 60 y los 70 hemos vivido la etapa más sangrienta de la banda terrorista. En los ochenta casi a diario nos levantábamos con noticias de bombas lapa, asesinatos a bocajarro... hasta el más antibelicista sabía lo que era una 9 mm. parabellum.
Las notícias sobre la banda eran prácticamente diarias en los informativos, y sé que suena duro pero esas notícias formaban parte de la cotidianeidad en esos días. Había atentados casi cada semana, después del impacto que producía cada uno de ellos, había una condena (no por parte de todos), un trauma social, un duelo y la vida seguía hasta el siguiente atentado.
Recuerdo como me impacto la historia de una mujer de Guardia Civil destacado en Irún que contaba como el carnicero de su barrio solo le daba conversación cuando estaban solos y que dejaba de dirigirle la palabra cuando una tercera persona accedía al local, lo contaba con lágrimas en los ojos.
Desde mis perspectiva de adolescente veía el conflicto con una relativa distancia, la mayoría de las tragedias se daban en terreno vasco. Hasta que dejó de ser así. Un día de Septiembre de 1991 voló por los aires la casa Cuartel de la Guardia Civil de Mutxamel (Alicante), el problema empezaba a ser de todos, sin excepción.
En 1982 la banda asesina a D. Manuel Broseta en plena Avenida de Blasco Ibañez en Valencia cuando se dirigía a impartir sus clases de derecho. Todavía guardo su carta de felicitación cuando, como mantenedor, me felicitó por mi reinado en las Fallas de 1982.
Pero lo peor, lo más dramático y para mí lo que supuso el principio del fin de ETA fue el secuestro y posterior asesinato de Miguel Ángel Blanco en el verano de 1997. Todavía recuerdo aquellas horas de angustia frente al televisor, las imágenes de todo un pueblo frente a su ayuntamiento esperando noticias y su quejido unánime cuando oían el fatal desenlace. En aquel momento, los que apoyaban la causa etarra, que los había y muchos, empezaron a dudar de sus convicciones y de si realmente era esa la manera de conseguir su deseada "Independentzia". Sentenciaron su final, pusieron a todo el pueblo vasco "En pie de PAZ".
Después las treguas, la T4, el fin del impuesto revolucionario, desestabilización, desconcierto.
Me gustan los vascos, son alegres, amables, hospitalarios y cocinan... ¡cómo nadie! Se merecen esta paz pero de verdad, con mayúsculas, se merecen poder hablar de lo que quieran, dónde quieran y con quien quieran, sin miedo y sobretodo, sin rencor.
Por ellos, por los nuevos vascos, los vascos LIBRES.
Pues sí, gracias a dios. Lo que inquieta es que no se disuelvan y entreguen las armas.
ResponderEliminarPor cierto, clama al cielo la declaración del señor Mayor Oreja que dice que esto es un pacto entre ETA y Zapatero para que el PSOE gane las elecciones. Si yo fuera Zapatero, ahora que se va, le metía un juicio por calumnias al mequetrefe ese. Me tienen harta. Vaya nivel de mierda.