Tengo una relación tormentosa con la hoja en blanco.
Si viviéramos en otra época sería un pergamino, un folio, una hoja de cuaderno pero hoy mi amiga/enemiga es una pantalla de ordenador, es un flamante, blanco e impoluto documento de Word.
Odio la sensación de ponerme a escribir sin la emoción que proporciona tener algo interesante que contar, algo que me apasione, que sea realmente motivador pero he de ser honesta conmigo misma y con el que me lee, soy una escritora del día a día a la que le gusta plasmar la cotidianeidad de la vida y no siempre pasan cosas maravillosas e inspiradoras dignas de ser contadas.
Lo mio con esa hoja en blanco es una relación de atracción-repulsión, sobretodo, en los momentos en los que la inspiración está bajo mínimos. Atracción porque disfruto escribiendo, me llena y repulsión porque cada vez soy más exigente conmigo misma y estoy más insatisfecha con lo que escribo.
Ahora mismo, mientras repaso estas palabras, empiezo a tener dudas sobre lo que estoy leyendo, dudo hasta de que se conviertan en una nueva publicación de este blog, hay un exceso de me, mi, conmigo que chirría pero me consuela pensar que es casi imposible no usar pronombres personales en un blog personal (y hoy lo es más que nunca).
Espero que el sufrido lector me permita la licencia de usar este método para aplicarme una buena reprimenda, prometo que no volverá a suceder, la próxima vez espero "Que las musas me cojan trabajando" y si no, me "quito de enmedio", literariamente hablando claro.

Te 'cogí prestada' la foto de la papelera tras llegar a tu blog por una casualidad creada por la estadística de Google.El caso, es que la foto, en mi caso, describe un sentimiento parecido a este post.
ResponderEliminarDonde haya la experiencia de un papel y un boli, quítense words,wordpads si no es como experiencia final, las ondas wifi deben asustar a las musas...
Al final uno/a se siente como un folio virgen y el famoso clip de Microsoft riéndose en nuestras caras.