lunes, 8 de agosto de 2011

Imantada






Creo en el poder de atracción de las islas, de las nuestras, las islas a las que estamos unidos. No es un tópico típico con fines promocionales, ni un pensamiento fruto de la ingesta de algún alucinógeno, no, existe realmente un imán que te arrastra hacia ellas, especialmente cuando hace tiempo que no las has pisado.

Tan sólo ver una imagen de sus amaneceres, de sus puestas de sol, me sirve de bálsamo, de sedante y es que las islas, sobre todo las pequeñas, las que puedes recorrer en un día y contemplar el amanecer y el atardecer desde una privilegiada primera fila me reconcilian con el mundo.

Muchas veces elucubro sobre el motivo de esa atracción y pienso en si realmente ese vínculo no tendrá que ver con que hace millones de años esos trozos de tierra formaban parte de un todo. Las Pitiusas son como hijos que un día se fueron pero a los que siempre estamos unidos y puede que ese poder de atracción sea algo parecido a un cordón umbilical.

La especulación inmobiliaria y las hordas de turistas bárbaros han hecho mella en sus costas pero aún hoy, si las conoces bien, puedes encontrar rincones completamente salvajes que te permiten disfrutar de la virginidad de un paisaje y una vegetación puramente mediterránea,  exclusivamente para tí.

Cuidémos esos rincones, preservémoslos de chiringuitos, de decibelios, de aceites solares y de todo aquello que les haga perder su estado salvaje. Está en nuestras manos que esa atracción milenaria no se pierda, que nuestros nietos sigan sintiendo "la llamada de las islas" y no sólo para vivirlas de noche.

Está saliendo el sol...¿Vamos?


1 comentario:

  1. Una isla, siempre será el Edén soñado. Lástima que son muchos los que piensan igual y andan un poco "apretados"
    

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