viernes, 8 de julio de 2011

Los fantasmas de "Hasienda Álvares". Capítulo I




(Nota: Léase con "asento" de  narrador de culebrón venezolano)

Luis Alfonso Rodriguez del Rosario abandonó aquella casa con la firme intención de no mirar nunca más atrás.
El odio gestado durante años  hacia la familia Álvarez (la "perfecta" familia de su esposa) le hizo tomar la decisión: " Lucrecia Mª, yo me voy, tu puedes venir conmigo o quedarte si así lo prefieres" le dijo  a su mujer una mañana "Yo iré donde tu vayas" le contestó Lucrecia Mª Álvarez; "Quiero mucho a mi familia pero tu eres mi esposo Luis Alfonso, eres el padre de mis hijos, te seguiré donde vayas". Años más tarde sabría cuan equivocada había sido esa decisión.
Las rencillas y la envidia enfermiza de Luis Álfonso hacia su cuñado Alberto José, el pequeño de los Álvarez y exitoso gerente de la empresa familiar, le cegaban, siempre había querido ser como él, tener lo mismo que él.  Aquellos sentimientos insanos habían deteriorado al máximo la relación con su familia política hasta el punto en el que un día decidió abandonar  la empresa familiar y el pueblo pero no sin sed de venganza; "Me las pagareis familia Álvarez, de momento os doy donde más os duele, me llevo a vuestra querida hija Lucrecia María y a mis hijos. ¡Algún día volvereis a saber de mí".
Luis Alfonso, en su vehemente obsesión por hacer daño a los Álvarez y poder imitar a Alberto José Álvarez en todo lo posible, creó una empresa idéntica a la de la familia de su esposa  a tan solo unos kilómetros de distancia pero con una  diferencia, esta vez era su abnegada esposa la que trabajaba muy duro para poder, inconscientemente, satisfacer la sed de venganza de su marido. Su única obsesión, poder demostrar que él también podía crear un imperio.
Esa obsesión y el odio latente que le concomía le llevó  a derrochar, a tener aficiones que no se podía permitir, a ampliar negocio sin control y a hacer una vida paralela llena de falsos halagos y de amistades oportunistas y peligrosas.
Una mañana Lucrecia Mª Álvarez, derrotada,  se presentó con sus hijos y dos maletas ante la puerta de la casa de su padre. Luís Álfonso se había convertido en un monstruo que ya no quería ni a su esposa ni a sus hijos; "Ve con tu papito, yo ya no te quiero, es más, creo que nunca te he querido" fueron las últimas palabras de Luís Álfonso a Lucrecia Mª.  La venganza jurada a los Álvarez comenzaba a urdirse.
Luís Alfonso renegó de sus hijos, les negó la manutención y lo que es peor, la figura de un padre. Para bien o para mal, desapareció de sus vidas.
Pasaron los años. Lucrecia Mª y sus hijos recuperaron junto a la familia Álvarez la estabilidad perdida, se incorporaron a la vida familiar y al trabajo en un negocio que siempre había sido suyo. Parecía que la paz y la concordia había llegado por fin pero...solo era un espejismo.

" Soy Luís Álfonso Rodriguez Jr, hijo de mi padre y estoy aquí para exigir lo que es mío". Los fantasmas de la familia Álvarez acechaban de nuevo, la semilla del odio había rebrotado.

Continuará...

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