martes, 5 de junio de 2012

¡ NO, AL CIRCO NO !





Yo de niña no quería ir al circo, de hecho no entendía la euforia de otros niños cuando sus padres "amenazaban" con llevarles.
Allá por los años 70 había una famosa trapecista llamada Pinito del Oro, cuando venía el circo a la ciudad y ella estaba en cartel se agotaban las entradas, todo el mundo quería ver a Pinito en el trapecio, todo el mundo menos yo. Aquella mujer volaba bajo la carpa del Circo de los Hnos. Ringling, volaba si pero volaba... ¡sin red!.
En aquella época la trapecista era casi tan conocida como cualquier actriz de cine, leí una vez que el director Cecile B. DeMille había intentado contratarla pero ella se había negado porque este no tenía intención de incluirla en los créditos. Su fama la precedía pero yo no podía ver ni un segundo de su  actuación, me tapaba los ojos hasta que había terminado, creo que me pasaba toda la sesión de circo así lo cual era casi peor porque tan solo escuchaba el : ¡Uy! del público cuando la trapecista hacía algún número complicado. 
No sólo lo pasaba mal con la trapecista, lo pasaba mal con el domador en la jaula de los leones hasta  con los enanos que en lugar de hacerme reir solo me inspiraban compasión.
En ocasiones, en los alrededores del aquel circo había otras "atracciones" por llamarlo de alguna modo, la mujer barbuda, la mujer serpiente (más tarde supe que era una pobre mujer rodeada de espejos), las hermanas colombinas, unas mujeres incrustadas literalmente en sus sillas debido a su obesidad mórbida y que veían pasar a los visitantes curiosos desde su escaparate. Me inquietaba el hecho de que aquellas personas no tuvieran casa, de que vivieran en aquellos cubículos con ruedas. Era un mundo extraño, desconcertante para mi.
Por suerte superé aquello, he vuelto al circo como madre y he comprobado aliviada que las cosas han cambiado, ahora los trapecistas trabajan con red, con arnés, ya no hay mujeres barbudas gracias a la depilación láser y yo ya no me tapo la cara aunque una cosa sí echo de menos y es aquel "¡Uy!" del público cuando se mascaba la tragedia, cosas del...¿progreso?.    

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