El
hombre no inventó el fuego, en cierto modo encontró una forma de
domesticarlo, aprendió a convertirlo en algo útil para sí mismo.
Hay
gente experta en encender fuegos, en caldear ambientes, en exasperar
pero por suerte la hay que sabe como sofocar esos fuegos, apaciguar,
relajar los ánimos, si no fuera así este mundo nuestro sería un
enorme infierno.
Ana
y David discuten acaloradamente, ella le recrimina que desde hace un
tiempo siente una falta de atención, de gestos cariñosos,
de comunicación. Ana piensa que David ya no la quiere, que su
comportamiento es una clara señal de que él intenta acabar la
relación y esa es su forma de enviar señales. David lo niega, no es
cierto, el la quiere, quiere a Ana con todas sus fuerzas, estar con
ella es lo que más desea en el mundo pero también reconoce que ese
sentimiento es, cada vez más, algo interno, algo subjetivo y
que, aunque se le hace cada vez más costoso exteriorizarlo, existe,
es real.
Ana
sigue sin entender, siguen los gritos , las recriminaciones, el
piensa "No podré ganarla con dialéctica, debo pasar a la
acción", se acerca a ella, recoge su cara con las manos y la
besa. Ese fuego provocado por alguna mezcla físico-química queda
sofocado.
Hay
otras clases de fuegos, los que prenden por el dinero, por la falta
de él, por el trabajo, en el trabajo, prenden por el cabreo social,
por la política mal ejecutada, por los políticos ineptos, por la
corrupción sea de la clase que sea y en el ámbito que sea. Fuegos
provocados, convertidos en una gran hoguera alimentada por el oxígeno
que les da la falta de diálogo, pero diálogo de verdad del que se
compone de emisor, receptor y mensaje y que tanta falta les hace a
Ana y David, del que respeta la reciprocidad y no cae en la
alternancia de monólogos, esos fuegos son difíciles de apagar
porque tienden a quedar rescoldos con el peligro de que resurja otro
fuego en cualquier momento, son fuegos que no se apagan en un
instante, que no se apagan con un beso.
Es
tan fácil provocar un fuego, tan atractivos sus colores, sus
serpenteos, sus chasquidos y tan fácil perder el control sobre él.
Miquel
estaba en el paro desde hacía 2 años, en cuestión de meses dejaría
de cobrar el subsidio y su familia se vería obligada a vivir de la
caridad, aquella propuesta llegó en el peor momento, en el momento
de la desesperación, la aceptó; " Los días 29 y 30 se esperan
ráfagas de viento de hasta 50 Km/h, iniciaremos fuegos aquí, aqui,
y aquí" aquel hombre señalaba zonas en el mapa como si se
tratara de un militar estableciendo una estrategia de ataque.
Aquellas eran montañas que Miquel conocía muy bien, las había
pisado con sus hijos cuando eran pequeños, en busca de caracoles, de
setas, por eso le habian elegido a él, era el hombre perfecto para
hacerlo y era cierto, cuando llegó el momento, no le tembló el
pulso .
Aquel
incendió tardó 5 días en ser sofocado, arrasó miles de hectáreas
del bosque que le había visto crecer a él, a sus padres, a sus
hijos, el incendio que Miquel provocaba aquel día en su conciencia
era el peor, viviría en él para siempre, aquel incencio nunca se
apagaría.

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