Siempre he tenido claro que el hombre está solo y le asusta esa soledad, busca el grupo desesperadamente para olvidarse de esa situación tan sórdida, tan desconcertante, lo busca para no encontrarse con su "yo solo" todos los días, a todas horas, aunque a veces la vida, el día a día, te da una tregua.
Una tregua en forma de situaciones en las que esa individualidad, ese "yo y mis circunstancias" se ve levemente vulnerado, ponte en situación: En un telesilla a cientos de metros sobre el suelo, en un salto en paracaídas como el de esta foto, o en una situación tan cotidiana como subir en el ascensor de nuestro edificio, varios "yoes" desconocidos entre sí, compartiendo una situación más o menos estresante, de más o menos peligro, con más o menos miedos y que durante unos instantes están corriendo la misma suerte.
Es una de esas circunstancias excepcionales en las que, por unos momentos, podemos establecer conexión y al menos para mi es una sensación extraña pero reconfortante y que crea una especie de vínculo con el otro.
En la foto, durante los primeros minutos de caída libre, se aferran unos a otros, son uno y lo saben, desde el momento en que se suelten correrán suertes distintas y volverán a la condición humana original, abrirán su paracaídas particular.
Así es que se acabaron las conversaciones sobre la climatología en el ascensor, a partir de ahora:
- Buenas noches
- Que tal, buenas noches, yo voy al 5º.
- ...¿Tienes miedo?

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